martes, 5 de junio de 2018

LOS PELIGROS PARA LA AUDITORÍA INTERNA DE PONERSE UN “SOMBRERO NEGRO”

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Uno de los desafíos permanentes para los auditores internos es cómo mantener relaciones de confianza si a menudo se les pide que ayuden en las investigaciones de conducta indebida de ejecutivos y empleados. Como observé en una publicación de blog de 2014, la realidad es que a muchos auditores internos se les pide que asuman responsabilidades relacionadas con las investigaciones corporativas.
Más del 80 por ciento de los encuestados en la encuesta del Common A Knowledge 2015 del IIA indicaron que su función de auditoría interna tenía cierto grado de responsabilidad para detectar el fraude dentro de sus organizaciones. Ese número cambió poco en los últimos tres años. Los datos actuales de los miembros de IIA muestran cómo el 73 por ciento de los CAE informan que tienen auditorías de fraude como parte de sus responsabilidades. Otro 31 por ciento informa tener investigaciones forenses bajo su competencia.
No es raro que se solicite a la auditoría interna que realice investigaciones confidenciales fuera de su ámbito de trabajo normal, como en nombre del comité de auditoría o la dirección ejecutiva. En algunos casos, el asesor general o el CEO recurren a los auditores internos para ayudar con investigaciones específicas.
En mi publicación de blog de 2014, noté que, si bien hay beneficios para una relación de trabajo cercana entre los auditores internos y los investigadores corporativos, también existen grandes riesgos para la auditoría interna. Cuando los auditores internos están profundamente involucrados en investigaciones que pueden dar lugar a medidas disciplinarias contra ejecutivos u otros empleados, puede ser difícil para los auditores internos verlos más tarde como asesores de confianza que están ahí para ayudar cuando regresen en su auditoría interna. papel.
Los arreglos multifuncionales no son nuevos. Cuando era inspector general federal, era responsable por ley de las funciones de auditoría e investigación dentro de mi organización. Los dos grupos eran muy diferentes, y los investigadores eran agentes federales encargados de hacer cumplir la ley. Sin embargo, debido a una estructura de informes compartida, mis roles de auditoría e investigación y los de mi personal estaban inevitablemente vinculados en las mentes de nuestros grupos de interés.
Con frecuencia, recibía una llamada de un ejecutivo iracundo que exclamaba: “Sus auditores están en mi departamento exhibiendo sus pistolas e insignias”. Calmadamente ofrecería garantías de que no emitimos armas o insignias a nuestros auditores, y que nuestros investigadores estaban en su departamento llevando a cabo una investigación confidencial relacionada con un posible fraude o mala conducta. Los ejecutivos generalmente se calmarían, pero nunca diferenciaron completamente los roles de los diferentes miembros del personal.
Tales malentendidos podrían resolverse rápidamente caso por caso, pero una confusión inherente sobre el rol de un auditor interno versus el de un investigador indudablemente hace más difícil para los auditores internos construir y mantener las relaciones que son tan críticas. a su éxito final.
Es fácil aparecer encasillado con un “sombrero blanco” o un “sombrero negro”, como héroe o villano de la ejecución. Cuando un departamento de auditoría interna se asocia estrechamente con el tipo de investigaciones que resultan en despidos o incluso procesamientos penales, puede ser un desafío para cualquier persona en auditoría interna ser considerado como un verdadero socio.
No pretendo dar a entender que los auditores internos deban evitar participar en tareas difíciles, incluidas las investigaciones que involucren posibles faltas de conducta. Los auditores internos pueden proporcionar una contribución única e invaluable. Y, para organizaciones más pequeñas, puede no ser factible mantener equipos de auditoría interna e investigación separados. Pero una de las dificultades de asumir el rol de “sombrero negro” es que cambiar roles puede no ser tan fácil como, bueno, cambiar tu sombrero.
Si su organización decide que la auditoría interna debe realizar rutinariamente o ayudar en las investigaciones, debe tomar medidas adicionales para garantizar que las relaciones entre el auditor y el cliente sean saludables. Si el tamaño del personal es suficiente, la forma más simple puede ser asignar equipos separados a las auditorías e investigaciones internas, y evitar la tentación de utilizar personal de manera intercambiable. También es importante garantizar que los clientes del compromiso entiendan claramente el alcance y la naturaleza del trabajo de los auditores internos, incluido el hecho de que en ocasiones debemos respaldar o llevar a cabo investigaciones delicadas.
Como profesión, hemos logrado un progreso extraordinario en las últimas décadas para elevar nuestra estatura. Los ejecutivos corporativos y los miembros de la junta tienen una visión mucho más favorable de nuestras capacidades hoy que hace una década. Si bien liderar o respaldar las investigaciones corporativas es un rol que necesariamente debemos asumir de vez en cuando, no implica riesgos para nuestra imagen y nuestras relaciones en la organización. Como con cualquier riesgo, debemos emplear las estrategias de mitigación apropiadas.
Agradezco su opinión sobre el papel de la auditoría interna en el apoyo o la dirección de investigaciones corporativas.
SOBRE EL AUTOR
Richard Chambers
Richard F. Chambers, CIA, QIAL, CGAP, CCSA, CRMA, es presidente y director ejecutivo de The IIA. En Chambers on the Profession , comparte sus reflexiones y puntos de vista personales sobre la base de sus 40 años de experiencia en la profesión de auditoría interna.

CONFIDENCIALIDAD

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04.06.18 · 
Uno de los principios fundamentales que todo auditor interno debe aplicar y cumplir es el de la confidencialidad!!!
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FRAUDE: EL GRAN TIBURÓN BLANCO CORPORATIVO

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Recientemente, en el contexto de un ciclo formativo, hemos analizado diversos casos de fraude de las últimas dos décadas. Muchos de ellos han provocado un auténtico cataclismo económico y han acarreado distorsiones en sectores percibidos como robustos e invencibles. Incluso han supuesto el cierre y la desaparición de grupos líderes y muchos despidos de profesionales, con independencia de su grado de involucración en los casos respectivos.
Tal es el poder de ese estigma que llamamos fraude que resulta muy complejo calcular el quantum del perjuicio económico que acarrea ya que, como consecuencia de la pérdida en reputación, este supera en gran medida la mera pérdida vinculada directamente a las irregularidades.
Por tanto, estamos ante el gran tiburón blanco corporativo. Una amenaza capaz de, como en el caso del escualo de la mítica película, hundir embarcaciones aparentemente insumergibles. Así son las cosas. Simple y llanamente, todos somos un aperitivo en potencia si no actuamos y nos comprometemos con la definición de una estrategia de amplio espectro, holística, que permita anticipar, detectar y prevenir prácticas irregulares.
Para la definición de esta estrategia es importante saber qué falló en otras ocasiones, puesto que son paradigmas muy útiles de los que cabe extraer valiosas lecciones. Si estás leyendo estas líneas y alguna vez te preguntas cómo puedes proteger a tu organización desde la perspectiva anti-fraude, mi consejo es que primero investigues, recopiles y archives con rigor los casos pasados para, desde ahí, poner la primera piedra.
Dicho esto, ¿qué lecciones nos cuentan los pasados casos de fraude? En mi opinión, si los casos de fraude pudieran hablarnos dirían lo siguiente:

1. “Si dejas solo y en el mismo puesto a personas con mucha autoridad y sin supervisión alguna ¿Por qué te sorprende cuando las cosas salen mal?”

Todo esto porque ya ni llama la atención que los casos de fraude estén vinculados a un perfil determinado de profesional autoritario, carismático y respetado; alguien con capacidad de hacer y deshacer y sin una adecuada supervisión mínima. Y muchas veces no tiene esa supervisión porque están lejos o están cerca pero ‘nadie lo diría’. Por cierto, aconsejo la revisión del informe El perfil del defraudador realizado por KPMG, de obligada consulta, que abunda en esta circunstancia. Esto es aplicable también a proveedores y asesores que, en ocasiones, sobre la base de su carisma, experiencia y conocimiento previo, reciben dosis de autoridad impropias que son el caldo de cultivo de posibles irregularidades.

2. “Si no comunicas desde la dirección que el fraude es una lacra a la que hay que vencer, ni acompañas con mecanismos de reporte interno efectivo, ¿cómo pretendes que tus empleados te ayuden a proteger la organización?”

Todo esto porque, de forma indubitada, los empleados son el mejor rompeolas a la hora de detectar casos de fraude. Por eso es óptimo invertir en formación continua, recurrente, medible, y en mecanismos efectivos de reporte interno de alta capilaridad y conocimiento en todas las líneas de la organización. Por cierto: Si no has recibido ninguna alerta desde hace años, tal vez debas preguntarte si tu canal ético funciona y es conocido por todos, ya que puede ser una señal inquietante de falta de conocimiento y desconfianza en la herramienta.

3. “Si no sabes con quién te estás jugando los cuartos y no entiendes qué está pasando, ¿no deberías preguntar antes de hacer nada?”

Efectivamente, así es. En muchas ocasiones, socios, asesores o proveedores inadecuados pueden arrastrar consecuencias imprevisibles por acciones que nada tienen que ver contigo pero resultar vinculantes. Lo adecuado sería anticipar problemas mediante búsquedas masivas de información en fuentes de acceso público para trazar el perfil de reputación a efectos de determinar si el socio o proveedor responde a tus expectativas y controlar adecuadamente a aquellos que sean considerados de ‘alto riesgo’. Para esto existen metodologías de Corporate Intelligence / Fraud Risk Management ya establecidas.
Asimismo, recomiendo vigilar planteamientos artificialmente complejos ya que muchos fraudes se fundamentan en esquemas que nadie entiende porque, sencillamente, su pretendida dificultad técnica oculta una irregularidad.

4. “Si únicamente te preocupas del resultado y de los crecimientos de doble digito, ¿por qué te sorprendes si tu gente prioriza el llegar a resultados y no el cómo hacerlo?”

Una excesiva presión u orientación única a resultados puede hacer que el equipo centre todo su esfuerzo y motivación en alcanzar estos resultados priorizando el fin sobre los medios. En muchas ocasiones, este escenario puede provocar disfunciones en la forma de hacer negocios e incrementa la tentación de cometer irregularidades con el objetivo de alcanzar y trasladar un resultado irreal. En general, los buenos resultados son consecuencia de un largo trayecto de esfuerzo. Si son obtenidos con facilidad, sin aparente esfuerzo o por la vía de la astucia, merecen una pausa y una ronda y sobremesa sosegada de análisis.
Estos son los mensajes que creo nos trasladarían los casos de fraude del pasado quizás con cierta resignación porque los mismos errores aparecen una y otra vez.
Sin embargo yo creo que aplicando los mejores mecanismos de prevención e investigación del fraude, el futuro será cada vez mejor. En eso estamos los profesionales que hemos hecho de la lucha contra el fraude el eje sobre el que desarrollamos nuestra carrera.

Juan Mazarredo

Director en el área de Forensic de KPMG en España. Juan Mazarredo forma parte de la práctica de Forensic de KPMG desde 2007 y cuenta con 11 años de experiencia en la realización de investigaciones de Fraude y Corrupción en Europa, Asia, Africa y América.

EVITA LOS ENGAÑOS EN LA RED

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martes, 5 de junio de 2018
Blog:
Nahun Frett, MBA, CIA, CCSA, CRMA, CPA, CFE
AUDITOR INTERNO – INSTRUCTOR – CONSULTOR – CONFERENCISTA

¿CÓMO REALIZAR DE FORMA EFECTIVA UN ANÁLISIS DE CAUSA RAÍZ?

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lunes, 4 de junio de 2018

TRABAJO EN EQUIPO

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domingo, 3 de junio de 2018
Blog:
Nahun Frett, MBA, CIA, CCSA, CRMA, CPA, CFE
AUDITOR INTERNO – INSTRUCTOR – CONSULTOR – CONFERENCISTA

sábado, 2 de junio de 2018

LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA

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sábado, 2 de junio de 2018
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